Al fin que ni quería un KIN – Bach el alma de Microsoft

por Hiroshi Takahashi
Me sorprendió la noticia de que KIN, el teléfono que presentó Microsoft el 12 de abril de este año y que nunca llegó a México, saldrá del mercado antes de lo planeado. Era un producto que se trabajó junto con Sharp Corporation, Vodafone en Europa y Verizon en Estados Unidos. Era, decía Robbie Bach, la última vivencia social, que mezclaba un móvil, servicios en línea y una PC en nuevas experiencias. Pero ya es algo del pasado.
Al leer este fin de semana sobre el producto, tratando de averiguar por qué se daba tan rápido por muerto, me hallé con otra noticia que me dejó más que helado: Robbie Bach se va de la empresa.
Es una noticia que no se transmitió masivamente, por lo menos en América Latina. No fue parte de los boletines que como spam reparten las agencias de relaciones públicas de la firma. Perdido, en la sala de prensa de la compañía, encontré un comunicado del 25 de mayo de 2010, en el que Microsoft anuncia que Bach, presidente de la división de Entretenimiento y Dispositivos se retirará de la compañía este año.
Si les digo que me sorprende más que la muerte prematura del KIN –a final de cuentas es un producto que nunca llegó a México, igual que el Zune, una copia del iPod que no pegó, por más publicidad que se le hizo– es porque Bach era como el alma de Microsoft tras la salida de Bill Gates.
Steve Jobs es muy bueno en los negocios, pero es un hombre sin carisma, medio gris, a veces rudo en sus respuestas y difícil de sacar de su discurso memorizado. Es un empresario, en términos llanos. Mientras que Gates era un hombre que se deja querer y sabe hacer ruido con sus conceptos, su genialidad es como un imán. Bach también, al saltar a los escenarios –varias veces fui testigo de sus conferencias– robaba la atención del mundo que estaba escuchándolo. Parecía que mantenía el control de la firma, incluso cuando se ponía frente a Ballmer lo opacaba. Todo mundo le reconocía que fue el hombre que logró hacer que Microsoft fuera respetado en el mundo del hardware, al llevar al Xbox 360 a la popularidad mundial que hoy conocemos.
En fin, Bach era como el sujeto que daba un nuevo rostro a Microsoft, la estrella que había logrado encumbrarse como el renovador de la empresa, el hombre que se atrevió a cambiar lo nerd y cuadrado del campus de la firma en Washington y retar a sus ingenieros a explorar nuevas fronteras.
La salida de Bach es efectiva desde el 1 de julio. Don Mattrick, vicepresidente de la firma, se hace cargo del negocio de entretenimiento interactivo, y Andy Lees, otro vicepresidente de Msft, tomó el negocio de comunicaciones móviles. Desde el pasado jueves le reportan directamente a Ballmer por lo que antes era responsabilidad de Bach.
J Allard, vicepresidente de diseño y desarrollo de la división de entretenimiento y productos, la mano derecha de Bach, también deja la firma tras 19 años de arduo trabajo.
No hay una explicación oficial de la salida de Allard y Bach, como siempre, el comunicado les da las gracias y deja en claro que son –o fueron– hombres muy importantes para el desarrollo de la compañía, para darles oportunidad de seguir sus caminos y seguir siendo amigos.
Todo esto surgió a raíz de el funeral de KIN, el teléfono que se suponía sería la revolución de los móviles y las redes sociales, pero que hasta ahora parece que no existe. Al menos en México.
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